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El CASO HERCULANEUM
2008-07-08:E2
Herculaneum es un pueblo pequeño en el corazón de los Estados Unidos, situado cerca del gran río Mississippi. La gente que alguna vez habitó Herculaneum, amaba su pueblo, ya que este conservaba la esencia y calidez de las villas antiguas. Era un lugar donde los niños podían jugar en las calles con seguridad y todos conocían a sus vecinos. Un niño podía correr hacia un lado de la calle y visitar a su abuela, e ir hacia el otro lado y visitar a una tía o un tío. Los residentes valoraban la familia, el sentido de comunidad, la vida de pueblo. Fueron capaces de crear hogares cómodos y disfrutar de un estilo de vida apacible. Era un pequeño pueblo completamente autosuficiente, con un lugar para jugar bolos, un cine y todas las tiendas necesarias para vivir. Estuviese donde se estuviese en Herculaneum, era como estar en casa.
Casi todos los varones de este pueblo trabajaban para Doe Run, una fundición metalúrgica y procesadora de variados metales. Ellos podían caminar al trabajo. Gracias al apoyo de la empresa, la gente gozaba de un empleo fijo, beneficios de salud, buenas escuelas y hasta de una nueva estación de bomberos. Sin tener educación superior, la mayoría de las familias se sentían dependientes de la presencia de Doe Run en sus vidas. O trabajaba en Doe Run, o tenían negocios que sostenían a los que lo hacían. La empresa abarcó su total existencia y tal vez dependían de ella más de lo que se daban cuenta.
En un día típico, el cielo de este pueblo se teñía de variados tonos de amarillo y un gris vergonzoso, dependiendo del humo que emitía la chimenea de 550 pies de altura que funcionaba en la planta de fundición. En más de una ocasión, las emisiones del humo eran tan densas que un partido de fútbol tenía que suspenderse, porque el comentarista no podía ver a los jugadores en el campo. Pero esto era normal para los Herculanos.
Un polvo gris cubría el pavimento, los árboles y arbustos a lo largo de la carretera por donde los camiones de Doe Run llevaban el plomo a la fundición. Los carros de los herculeanos manejaban sobre este polvo y sus llantas y zapatos llevaban este a sus hogares. Es así que el polvo se metió en sus alfombras, ropa y eventualmente en sus camas. Con los años, esto fue aceptado sin causarles ninguna alarma. Los residentes asumieron que si hubiera alguna real amenaza a su salud por el polvo, la empresa los hubiera alertado. Después de todo ellos eran los expertos ¿No?
Con el tiempo algunas personas empezaron a preguntarse por qué sus pastos siempre morían, por qué sus gargantas y ojos les ardían, por qué la pintura de los carros se corroía, por qué algunos niños parecían ser “lentos”, por qué algunos de sus vecinos se morían a temprana edad y por qué las patas de sus perros y gatos parecían quemadas.
Una familia en particular, Leslie y Jack Warden empezaron a recabar información sobre los efectos de la contaminación ambiental por fundir plomo. Si podía sacar la pintura de un auto, ¿Qué le estaría haciendo a los pulmones de su hijo de 13 años? Mientras más leían, se daban cuenta que tenían que saber más sobre el tema. Las preguntas llevaron a reuniones entre los vecinos, y estas reuniones los llevaron a más reuniones con la empresa, quienes negaron cualquier daño. Algunos residentes, ahora armados con conocimiento científico, sabían que las aseveraciones de Doe Run eran falsas.
Las repetidas violaciones de la fundición a las reglas de polución combinadas con los índices de altos niveles de plomo en la sangre de los niños, hizo que el Gobierno Americano se empezara a involucrar más en el tema. Las pruebas que realizaron con ranas y ratones que vivían en las alcantarillas, confirmaron la alarmante verdad: La contaminación por plomo, arsénico, ácido sulfúrico y cadmio en el agua era un peligro mortal. Inmediatamente después de esto, se declaró el estado de emergencia.
Pero incluso con toda esta nueva información, Doe Run trató de minimizar la seriedad del asunto. Usaron las clásicas tácticas que las industrias sucias usualmente emplean. Primero culpan a la víctima: su casa está muy sucia; sus hijos no se lavan las manos lo suficiente. Después niegan que ellos son la causa: le echan la culpa del plomo al desgaste del carro o a los juguetes de los niños. Luego, cuestionan los descubrimientos de los investigadores, o presentan sus propias “investigaciones”, que siempre son favorables a ellos. Después enfrentan vecino contra vecino, para dividir y conquistar. Mientras tanto ganan tiempo, esperando que las aguas se calmen.
Finalmente, después de mucho insistir, Jack Barden convenció a un oficial ambiental del Estado para que realice pruebas del contenido de todo ese polvo que estaba por todos lados. Los resultados fueron alarmantes y confirmaron los peores temores de los Wardens. ¡La muestra resultó con 30% de puro plomo! Cientos de veces más concentración de plomo de lo que se considera seguro o legal.
Eso fue suficiente. Los Wardens sintieron que no tenían otra opción. Para proteger la salud de su hijo tenían que dejar el hogar que habían llegado a querer, dejar la comunidad que habían adorado durante tantos años. Pensaron en vender su casa para pagar sus deudas. Pero ¿Habría alguien que compraría una casa contaminada? ¿Acaso sus hijos no estarían igualmente dañados por la contaminación? Moralmente ellos sabían que no podían dejar que esto pase. Les gustase o no, sabían que debían pelear.
Históricamente, Doe Run había contribuido con el pueblo. Reemplazaban el césped cuando empezaba a verse pegajoso, o pintaban los carros cuando la pintura se corría. Pero ahora estos pequeños arreglos ya no eran suficientes. La empresa podría haber cambiado sus métodos de fundición, podría haber modernizado su maquinaria y los métodos de transportar el concentrado mineral. Pero su solución final no incluyó nada de esto. Prefirieron escoger la solución más barata en lugar de enfrentar la verdadera fuente del problema.
Forzados por el gobierno, Doe Run compró las viviendas situadas en un perímetro de quinientos a seis cientos metros de la planta y las demolió. Más de 100 viviendas fueron demolidas a cambio de diez millones de dólares. Las tiendas y negocios no fueron reconstruidos o reemplazados, simplemente los desaparecieron. Si uno visita hoy en día el centro de Herculaneum, no es más que tierra plana arrasada por una niveladora. El “buy-out.” como le llamaron, solucionó el problema, por lo menos temporalmente.
¿Pero qué pasó con las familias que tienen sus viviendas a pocos metros de la zona de compra? El aire que respiran sigue estando igual de contaminado que antes. Y ahora con toda la publicidad muchos están atrapados económicamente porque no pueden irse ya que el valor de sus casas se ha depreciado totalmente. Ellos están forzados a vivir en la polución, esperando que no afecte sus familias.
A un continente de distancia, en la Oroya, Perú, otra altamente productiva planta de fundición está en su máxima operación como lo es Doe Run Perú. Conforme los altos costos para solucionar los problemas fueron creciendo en Herculeanum, Doe Run se concentro más y más en operar en un país que tuviere menos reglamentos de salubridad, menos reglamentos ambientales y débiles reglamentos de protección a los trabajadores. La polución y la contaminación son tan malas en La Oroya, que por segundo año consecutivo ha llegado a ocupar el primer lugar entre los 10 lugares más contaminados del mundo.
Leslie Wardens, unido a la Oroya en una causa común, voló al Perú y luego testificó ante el Congreso de los Estados Unidos para pelear contra un enemigo común: La Compañía Doe Run y sus prácticas negligentes. A pesar que han habido protestas públicas, procesos en la corte y audiencias, poco ha cambiado la situación en el Perú. El 50 por ciento de los impuestos que recauda el Estado Peruano, provienen de la Industria Minera. El gobierno es débil y está exageradamente preocupado de poner en peligro futuras inversiones y 4,000 puestos de trabajo si quiebran a Doe Run. Este es el temor con que el dueño de Doe Run usa para sus fines.
Ira Rennert, dueño de Doe Run, siempre amenaza con cerrar la refinería si se le exige demasiado. Con un plantel de abogados que impiden cualquier cambio y su habilidad para ignorar el sufrimiento humano, el parece ser inmune a la presión. Mientras, Rennert vive en el lujo de Nueva York gastando inmensas cantidades de dinero en su residencia personal y en sus muy bien publicitadas “obras de caridad” que le aseguran una prominente reputación, miles de peruanos de La Oroya, continúan contaminándose.
Pero Rennert no puede esconderse de los Leslie y Jack Wardens del mundo. Muchas organizaciones nacionales e internacionales quieren y piden un cambio. Demandan pólizas que sitúen la salud pública sobre las ganancias personales. Rennert es directamente responsable por el sufrimiento y muerte de las personas que viven en Herculaneum y La Oroya y continuará siéndolo hasta que se decida a realizar mejoras ambientales. Con la aumentada atención pública y presión, y con ambos gobiernos involucrándose más, Rennert y sus métodos pueden ser detenidos.
Leslie Warden siente que ella es una de las que tuvo suerte. “Yo fui capaz de luchar y salir. Yo no tenía que preocuparme por perder mi trabajo…” La gente de La Oroya no tiene tanta suerte. La mayoría están atrapados y tienen pocas esperanzas de escapar de la contaminación.

